Curso con certificado de las 28 creencias bíblicas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Tema 6: La Creación

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Autor: PhD Marcos Terreros

Algunas de las preguntas que más perturban al ser humano son las relacionadas con sus orígenes: ¿Cómo comenzó la vida? ¿De dónde venimos? ¿Estamos aquí debido a un proceso evolutivo ciego desarrollado a través de miles de millones de años? Debido a que la ciencia humana se ha mostrado incapaz de dar respuestas satisfactorias a estas y a otras preguntas fundamentales, necesitamos una alternativa. Esa alternativa nos las provee la revelación divina en la Santa Palabra de Dios, la Biblia. Y, ¿qué enseña la Biblia al respecto? La Biblia no hace esfuerzos por hacer demostraciones, simplemente nos da afirmaciones de hecho. Su respuesta sobre nuestros orígenes es sencilla y directa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Este, el primer texto de toda la Escritura, contesta cuatro preguntas básicas: el cuándo, el cómo, el quién, y el qué de la creación.

Veamos:

  1. ¿Cuándo? “En el principio.” Es decir, cuando todo comenzó y antes de que nada más existiera.
  2. ¿Cómo? “Creó.” Todo comenzó mediante un acto creador. No estamos aquí como fruto del azar o por casualidad, es decir, por evolución ciega. En el principio hubo una creación.
  3. ¿Quién? “Dios.” Él es el Creador. Él es nuestro Padre.
  4. ¿Qué? “Los cielos y la tierra.” Es decir, todo cuanto existe. Todo le pertenece.
  5. Ampliemos ahora un poco algunos de estos conceptos a la luz de lo que dice la Biblia y veamos algunas de sus importantes implicaciones.

El origen del hombre. El mundo existe porque Dios lo creó, y esto incluye a los seres humanos. Después de describir la creación de la tierra, la vegetación, los astros, y los animales, el libro de Génesis nos informa: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Y Dios les dio dominio sobre toda su creación (vers. 26). El uso del plural “hagamos” en este último versículo alude a la acción conjunta de las tres personas de la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Por medio de Cristo. El Padre trajo todas las cosas a la existencia por medio del Verbo de Dios, esto es, su Hijo Jesucristo, actuando mediante su poderosa palabra (Salmo 33:6; véanse también Juan 1:1-3; Colosenses 1:12-16). Colosenses 1:17 afirma que Cristo es también el sustentador de la creación. Cada célula de nuestros cuerpos, cada respiración, cada latido del corazón, hablan del cuidado de un amante Creador: “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). Días literales. Los siete días de la creación fueron períodos literales de 24 horas. La expresión “la tarde y la mañana” (Génesis 1:5, 8, 13, 19, etc.), típica de la forma en que el pueblo de Dios del Antiguo Testamento medía el tiempo, especifica días individuales que comenzaban al atardecer o puesta del sol (Levítico 23:32; Deuteronomio 16:6). No hay justificación para decir que esta expresión significaba un día literal en Levítico, por ejemplo, y miles de millones de años en el Génesis. La única manera como el relato de la creación armoniza con el resto de la Escritura, es si se lo acepta como literal e histórico.

Caída y restauración. Al terminar la semana de la creación, en el séptimo día, el Creador cesó y reposó. Y lo bendijo (Génesis 2:1-3). Su creación era perfecta: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).

Pero por causa del pecado, por la desobediencia del hombre, la creación de Dios y su mayordomo, el ser humano, cayeron y fueron terriblemente afectados. “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7:29).

Pero hay esperanza. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra, después del juicio final los renovará, haciendo de ellos una nueva y magnífica creación, creando nuevos cielos y nueva tierra (Isaías 65:17; Apocalipsis 21:1-5) que permanecerán para siempre (Isaías 66:22).

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