Autor: Pr. Norberto Carmona Gómez
El bautismo es una ceremonia de gran trascendencia y valor incalculable en la vida presente y futura del creyente. Su origen se ligó con la naciente iglesia cristiana apostólica. Jesús ordenó a sus discípulos que predicaran y bautizaran (San Mateo 28:16, 18- 20).
Bautismo es una palabra de origen griego: “Baptismo”, “baptizo”. Significa sumergir, bañar, hundir, profundizar o sepultar en las aguas. El bautismo cristiano establecido por Jesús es por inmersión y no por aspersión. No a niños recién nacidos. San Pablo claramente lo presenta en Romanos 6:3-6.
El cardenal James Gibbons afirma: “Por algunos siglos, después del establecimiento del cristianismo, el bautismo fue conferido ordinariamente por inmersión” (La fe de nuestros padres, página 256).
Monseñor Juan Straubinger dice: “Se refiere al bautismo de los primeros cristianos los cuales se bautizaban sumergiéndose completamente en el agua. Así como Cristo fue sepultado en la muerte, nosotros somos sepultados en las aguas del bautismo” (Nuevo Testamento, página 614).
La dama se sentaba en las primeras sillas del auditórium, escuchaba atentamente, leía con alegría la Palabra de Dios, oraba con devoción. Su rostro estaba desfigurado con cicatrices grandes y profundas.
Solicitó que fuera a estudiar la Biblia con ella en su casa. Lo hice en varias ocasiones. En una de ellas le pregunté: “¿Qué le pasó en la cara?”
Y contestó: “Es una historia larga. Viajaba por la autopista de regreso a casa. Empezó a llover, el carro patinó y se deslizó con violencia, dio varias vueltas y cayó a una profunda cuneta. El resto me lo contaron. Algunos viajeros se detuvieron, me sacaron del carro y llevaron al hospital. Lucharon por salvarme la vida y todo fue inútil. Me declararon muerta. La familia preparó el servicio fúnebre. Un grupo me llevó en el féretro rumbo al cementerio en sus hombros. Daban dos pasos adelante y uno atrás, expresando de esa manera su deseo de no separse de mí.
“El movimiento del féretro durante la marcha sacudió mi cuerpo, los signos vitales que se habían perdido en su totalidad, se reavivaron. Volví a la vida, me levanté en el féretro y al hacerlo, todos gritaron y corrieron. Algunos con valor volvieron atrás, recogieron mi
cuerpo, me llevaron a un hospital y después de mucho trabajo los médicos me estabilizaron y volví en mí. Ese fue EL DÍA CUANDO MORÍ Y VIVÍ PARA CONTARLO. Afirmaron los médicos que era catalepsia por lo que había pasado”.
Usted también puede morir al pecado y volver a vivir espiritualmente en Cristo por medio del bautismo. Este significa morir al pecado, enterrar la vieja naturaleza y resucitar a una nueva vida. La invitación es para todo creyente, a quienes lo acepten como su Salvador personal (San Marcos 16:15 y 16).
¿Qué resultado se espera con el bautismo? (Romanos 6: 4). Es un cambio de vida, una transformación del carácter, una entrega total a Jesús: El borracho se vuelve sobrio; el mentiroso, veraz; el ladrón, honrado; el adúltero, puro; y el incrédulo, creyente; es decir, un verdadero hijo de Dios. Experimente “un nuevo nacimiento” espiritual.
Una gran bendición se recibe cuando somos bautizados. La posibilidad está disponible y a nuestro alcance. Es la puerta de entrada a la iglesia y la unión con Jesús para siempre (Hechos 2: 41-42, 47. Hoy es el día de salvación. Escuche su voz y aduéñese de la promesa de vida eterna (Hechos 22: 16). Escuche la voz de Jesús hoy (Hebreos 4:7. Apocalipsis 3:20).
¿Qué debemos hacer? Arrepentirnos y creer en el Señor Jesucristo (Hechos 2:37 y 38). Abandonar el pecado (Romanos 6:11-13). Solicitar el bautismo y sellar nuestro pacto con Dios bautizándonos (Hechos 8: 35-39). Esto es VICTORIA CON JESÚS.