Autor: Pr. Norberto Carmona Gómez
El 5 de junio del año 1944, un aldeano del sur de Inglaterra, al salir al campo, contempló flotas de aviones que surcaban el cielo. Sus motores rugían y casi sacudían la tierra; aterrorizado el aldeano exclamó: “ESTE ES EL DÍA”.
El guardacostas inglés Percy Wallace vio en el mar una flota de 1.000 barcos de guerra que salían del Cabo de San Albán, acompañados de lanchones de desembarco, barreminas, destructores, pesados acorazados. Miles salían del canal. Sobrecogido por el miedo y el terror, susurró: “HOY ES EL DÍA”. Había llegado la invasión de Europa. La Segunda Guerra Mundial sacudía el planeta.
El mundo cristiano HOY, con expectativa espera la llegada del día de la segunda venida de Cristo. Jesús lo prometió. Afirmó que volvería para llevarnos al lugar de su morada, para que estemos siempre con él (San Juan 14:1-3). Será el acontecimiento más espectacular de la historia humana.
Los profetas del Antiguo Testamento señalaron el glorioso día de la segunda venida de Jesús. Isaías lo anunció (Isaías 40:10). El patriarca Job fortaleció su fe al creer y afirmar: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:23-27). Enoc lo profetizó: “He aquí, el Señor es venido con sus santos millares” (Judas 14).
Jesús vendrá con poder y grande gloria. En forma personal y visible como vivió en la tierra (San Mateo 24:30, Apocalipsis 1:7). El objeto de su venida es pagar a cada uno de acuerdo con sus obras (San Mateo 16:27, Salmo 62:12).
“El día y la hora nadie lo sabe”, sino solo Dios (San Mateo 24:36, 42, 44). Sí, Jesús vendrá sorpresivamente, viene a pagar a cada uno de acuerdo con sus obras, y se presentará tal cual es él.
Desea que vivamos en su compañía siempre. Por eso entregó su vida y murió para que disfrutemos de la eternidad, pero, ¿qué debemos hacer hoy?
Amar y esperar la segunda venida de Jesús (2º de Timoteo 4:8). Hacer la preparación espiritual adecuada y vivir hoy como si fuera a llegar en este instante. Seremos semejantes a él. Dice 1ª de Juan 3:1-3. Entonces, viviremos con él para siempre (San Juan 14: 1-3). Como hijos de Dios heredaremos todas las cosas. Él es nuestro Padre celestial, nuestro Rey y Señor. La explosión de gases en una mina dejó enterrados en vida a 33 mineros. La comisión de rescate introdujo una sonda con un micrófono y preguntaron: “¿Hay alguien vivo allá abajo?” La respuesta no se hizo esperar. Uno de los mineros contestó: “Sí, estamos con vida”. La alegría y el optimismo volvieron a los rescatistas en la superficie. Pero, inmediatamente se escuchó la voz de otro minero que angustiosamente dijo: “¿Hay alguna esperanza para nosotros? ¿Podemos esperar que venga alguna ayuda de arriba?” Y la respuesta que les llegó fue categórica: “Sí, HAY ESPERANZA” (el subrayado es nuestro). Nosotros podemos tener esperanza. Nos fue prometida la salvación que viene de arriba, y que Dios nos ofrece. Pronto vendrá Jesús a rescatarnos de este mundo cruel lleno de dolor, enfermedad y tristeza, y nos llevará con él a vivir en un planeta lleno de felicidad. Esta es la bendita esperanza, la del retorno de Jesús (Tito 2:13). Te invito a encontrarnos con él, con nuestro Salvador. HOY ES EL DÍA DE ENTREGARLE NUESTRO CORAZÓN A JESÚS.