Curso con certificado de las 28 creencias bíblicas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Tema 18: El Don De La Profecía

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Autor: Pr Esteban Bohr

 

Hoy día se ha despertado mucho interés en el tema de la profecía. En el mundo secular, las profecías de Nostradamus y del Calendario Maya parecen indicar que el fin se acerca. Para los cristianos, la fuente absoluta de autoridad en materia de profetas y profecías es la Palabra de Dios. ¿Qué dice la Biblia en cuanto al don de la profecía?

La Biblia está saturada de información en cuanto al don de la profecía. El primer profeta que se menciona por nombre es Enoc (Judas 14, 15), y el último es Juan, el discípulo amado. Entre estos dos profetas se halla una cadena impresionante de profetas que Dios empleó para amonestar y consolar a su pueblo. Algunos de estos son Noé, Abraham, Moisés, Elías, Isaías, Jeremías, Daniel y Juan el Bautista.

Dios no llamó a los profetas para satisfacer nuestra curiosidad en cuanto al futuro. Los llamó para amonestar a su pueblo y para consolarlos. El fin principal de todas las profecías es mostrarnos a Cristo en toda su gloria (Lucas 24:25-27, 44, 45), de tal manera que pueda habitar en nuestros corazones y podamos así reflejar su carácter.

El don de la profecía no caducó durante la época apostólica, pues el apóstol Pablo nos dice que el don de profecía fue dado por Dios a su iglesia hasta que lleguemos a la unidad de la fe (Efesios 4:11-13). La Biblia también nos indica que tanto hombres como mujeres recibieron el don de la profecía. Entre las mujeres que lo recibieron están Débora, Hulda, Maria la hermana de Moisés, la esposa del profeta Isaías, Ana y las cinco hijas de Felipe.

Según la Biblia el don de la profecía es muy importante. Dios no hace nada sin que revele su secreto a sus siervos los profetas (Amós 3:7). Cuando el don de la profecía escasea el resultado es que el pueblo de Dios se desenfrena.

¿Cómo podemos saber si un profeta es verdadero o falso? Dios ha dado pautas claras por medio de las cuales podemos probar a los profetas para determinar si son de Dios. En primer lugar, las enseñanzas de un profeta deben cuadrar con la ley y el testimonio, es decir, con las Sagradas Escrituras (Isaías 8:20). En segundo lugar, un verdadero profeta ensenará que Jesucristo vino a este mundo como un ser humano real, con un cuerpo real como el nuestro (1 Juan 4:1-3). En tercer lugar, cuando un verdadero profeta predice que algo va a ocurrir, el evento ocurre a tiempo (Jeremías 28:9). Finalmente, un verdadero profeta llevará una vida de santidad (Mateo 7:20). Aunque no es perfecto, sí refleja el carácter de Cristo en su conducta. No atrae la atención hacia sí mismo, sino hacia la gloria de Dios.

El libro de Apocalipsis nos indica que en los últimos días Dios restaurará el don de la profecía a su pueblo. Apocalipsis 12:17 nos dice que Dios tendrá un pueblo que no solo guardará los mandamientos de Dios, sino que también tendrá el testimonio de Jesucristo. Apocalipsis 19:10 nos aclara que el testimonio de Jesucristo es el espíritu de la profecía.

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