Curso con certificado de las 28 creencias bíblicas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Tema 8: El Gran Conflicto

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Autor: Pr. Norberto Carmona Gómez

 

El universo observa y se afecta con la guerra cósmica entre el bien y el mal. Satanás y su ejército luchando contra Dios y sus ángeles, y el Altísimo tratando de salvar a sus hijos. “Toda la humanidad se halla inmersa en un gran conflicto entre Cristo y Satanás en cuanto al carácter de Dios, su ley y su soberanía sobre el universo” (Manual de la iglesia, página 172).

La batalla se originó en el cielo, antes de la creación del mundo, y el líder fue Luzbel, el ángel de mayor jerarquía y perfección, después de Dios. Era el director de los coros celestiales y quería ser partícipe en el acto de la creación de la primera pareja en la tierra. Anhelaba las mismas prerrogativas que tenía Jesús, el Hijo de Dios. Esto no era posible porque él había sido creado y no era Dios (Apocalipsis 12:7-9. Isaías 14:12-14. Ezequiel 28:12-19).

Su espíritu rebelde y su deseo de supremacía lo llevaron a contagiar una tercera parte de los ángeles del cielo y fue arrojado de allí con sus seguidores. Intentó penetrar y contaminar otros hijos de Dios y fracasó. Entonces vino a la tierra, engañó a Eva y Adán. Su esposo voluntariamente la siguió en ese camino equivocado (Génesis 3:1-6).

Las consecuencias de esa decisión introdujeron en la tierra el pecado, el temor, la angustia, la enfermedad, el dolor y la muerte (Génesis 3:7-12, 13-19). El pecado humano se produjo como resultado de la distorsión de la imagen de Dios en la humanidad, lo que trastornó el mundo creado que había salido de las manos de Dios, perfecto (Romanos 1:21-32; 5:12-14). La Biblia define el pecado así (1ª de Juan 3:4; 5:18. 3ª de Juan 11).

Pablo habla del segundo Adán, Jesucristo, el cual terminará con el gran conflicto y destruirá a quien introdujo el mal en el universo: Satanás, Luzbel, la serpiente antigua, y restablecerá todas las cosas a la perfección inicial, como salieron de las manos del Creador, Dios (Apocalipsis 20:1-15. 1ª de Corintios 15:21-26).

Dios envió a su Hijo Jesús, a pagar el pecado del hombre y su trasgresión, y a restaurarlo a su imagen y semejanza (Juan 3: 16). Nos dio también el Espíritu Santo y los ángeles para guiarnos, protegernos y sostenernos en el camino de la salvación (Romanos 8:18- 22, 7-11, 13, 14, 16-18). En este conflicto la victoria ya fue alcanzada por Jesús en nuestro favor. Con él venceremos. (Filipenses 4:7. 2ª de Corintios 5:14).

Hagamos la decisión de ser fieles a Jesús, nuestro Salvador (2ª de Pedro 3:13 y 14. Hebreos 1:1-2, 2:1-4, 14, 15, 17 y 18). Participemos de la victoria final y del gozo que Cristo nos dará. “En el trono está sentado el Hijo de Dios y en torno suyo están los súbditos de su reino. Ningún lenguaje, ninguna pluma pueden expresar ni describir el poder y la majestad de Cristo. La gloria del Padre Eterno envuelve a su Hijo”.

Romanos 8:1. Colosenses 1:27. “Los redimidos, de pie ante el trono y delante del Cordero, revestidos de ropas blancas y teniendo palmas en sus manos. Su lucha terminó; ganaron la victoria. Disputaron el premio de la carrera y lo alcanzaron. La palma que llevan en la mano es símbolo de su triunfo, la vestidura blanca, emblema de la justicia de Cristo que es ahora de ellos”.

Romanos 8:35, 37-39. Apocalipsis 21:7, 22:12-14, y 17. “El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula, y en júbilo perfecto, que Dios es amor” (El conflicto de los siglos, páginas 722, 723 y 737).

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