Autor: Pr. Norberto Carmona Gómez
¿Qué y quién es un padre? Veamos algunas definiciones del latín: Progenitor, cabeza, el que tiene uno o más hijos; primera persona de la Santísima Trinidad. Padre eterno. Dios. La Sagrada Biblia nos enseña y muestra que hay un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad de tres personas coeternas. Jesús, el Hijo, lo da a conocer (Génesis 1:26 y 27. Juan 1:18. Mateo 28:19).
“Es inmortal, todopoderoso, omnisapiente, superior a todos y omnipresente. Es infinito y escapa a la comprensión humana, aunque lo podemos conocer por medio de su autorrevelación. Es digno para siempre de reverencia, adoración y servicio por parte de toda la creación” (Manual de la iglesia, página 17).
La naturaleza de Dios es espiritual y está integrada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Juan 4:23 y 24. 2ª de Corintios 13:14). Hoy, como en el tiempo del apóstol San Pablo, muchos no lo conocen (Hechos 17:16-21). El discípulo en Grecia les habló a los atenienses del “Dios no conocido” y algunos creyeron y lo aceptaron como su Padre y Dios (Hechos 17:22-30, 33 y 34).
¿Quién es Dios el Padre y cómo obra? El Padre celestial es: EL CREADOR (Génesis 1:1, 31). Es NUESTRO PADRE (Efesios 4:6; 1ª de Juan 3:1-3; 4:8). Es MISERICORDIOSO (Salmo 86:15). Es NUESTRO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES (Salmo 46:1). Es quien NOS SOPORTA CON MISERICORDIA Y AMOR (Jeremías 31: 3). Es NUESTRO CONSUELO EN EL DOLOR (2ª de Corintios 1:3. Es QUIEN SUPLE NUESTRAS NECESIDADES (Filipenses 4:19 y 20).
Pregunté a un niño con quien hablaba: “¿Cómo está tu mamá? “Muy bien”, contestó. “¿Y como está tu papá? “Yo no tengo papá”, dijo. Me sorprendió su respuesta porque yo conozco a su padre. Hay muchos seres humanos huérfanos, porque murieron sus progenitores; otros, porque no los conocieron, y miles, porque no han convivido con ellos. Nosotros somos privilegiados por tener un Dios Padre celestial que se nos revela por medio de su Hijo Jesús y del Espíritu Santo (Juan 17:17, 21, 23, 26; 16:7, 13-15). Esto nos permite convertirnos en hijos e hijas de Dios (Juan 1:10-16).
El sicólogo alemán Federico Nietzsche proclamó una gran mentira. Afirmó: “Dios ha muerto”. En una prestigiosa universidad estadounidense se encontró un alumno incrédulo y ateo de frente con el famoso y conocido evangelista Billy Graham, y saludándolo con ironía le dijo: “Billy, Dios ha muerto”, y Graham, comprendiendo su sarcasmo, le contestó: “¡Qué bah!, acabo de hablar con él”. Había estado orando.
Dios el Padre no ha muerto, porque él es ETERNO (Isaías 40:28- 31. Deuteronomio 33:27 y 29). Él es INMUTABLE (Santiago 1:17 y 18). ÉL es PERFECTO (Mateo 5:48). Él es SABIO, 1ª de Corintios 1: 24). Él es SANTO (Éxodo 15:11). Él es LA VERDAD (Jeremías 10: 10).
Nuestra fe en Dios debe llevarnos a CONFIAR EN ÉL (Salmo 52:8). A GUARDAR SUS MANDAMIENTOS (Eclesiastés 12:13). A SEGUIR EL EJEMPLO DE JESÚS Y BAUTIZARNOS (San Mateo 3:1, 2, 5, 6, 8 y 11. San Juan 3:22 y 23). ¡Qué felicidad! ¡Qué victoria! Recibiremos el honor más grande conferido por Dios en la tierra: Ser llamados HIJOS DE DIOS (3ª de Juan 3: 1-3. 2ª de Juan 8 y 9). Si somos hijos de Dios el Padre, somos sus herederos (Romanos 8: 17).
Un misionero en África predicó de Dios el Padre celestial y afirmó que quienes creen en él son considerados sus hijos. Un nativo escuchó con atención y a la salida le dijo al predicador: “¿Usted dijo que es un hijo de Dios? “Sí”, contestó el misionero. ¿“Usted también afirmó que los que creen en Dios el Padre se convierten en sus hijos?” “Así es”, fue la respuesta. Con el rostro iluminado por una gran sonrisa, el nativo terminó diciéndole: “Entonces, usted y yo somos hermanos”.
Desarrollemos nuestra fe y confianza en Dios el Padre celestial, convirtámonos en sus hijos; entreguémosle nuestra vida y corazón, elevemos a él una plegaria diciéndole: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (San Mateo 6: 9-13. 1ª de Tesalonicenses 5:16-18, 23 y 24).